De la Atlántida a Rapa Nui.

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sábado, 27 de diciembre de 2014

Hallada la pintura "Cristo bendice a los niños", que se creía perdida, en San Petersburgo.

Caminando por el Instituto de Cine y Televisión de San Petersburgo podemos ver la pintura "Cristo bendiciendo a los niños." Fue encontrada por accidente, mientras el edificio estaba siendo objeto de reparaciones. Cuando los trabajadores separaron siglos de capas de yeso se llevaron una inesperada sorpresa: un mosaico de proporciones épicas, que hasta ahora se consideraba perdido. Por cierto, en 2009, se empezó a hablar de reconstruirlo.

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El hallazgo puede parecer inusual, pero aquí no hay nada sobrenatural. El edificio original, construido entre los años 1898 y 1901, era una escuela parroquial hecha en memoria del emperador Alejandro III. Más tarde el edificio fue parcialmente destruido, y posteriormente, al igual que muchos edificios religiosos de San Petersburgo, utilizado para diferentes necesidades por el régimen comunista ateo.

domingo, 27 de julio de 2014

Santa Fortunata, la virgen y mártir que reposa en Moquegua.

Santa Fortunata, virgen y mártir.

Fortunata, Santa
Fortunata, Santa

Santa Tradicional, no incluida en el actual Martirologio Romano


Martirologio Romano (1956): En Cesarea de Palestina, Santa Fortunata Virgen y Mártir -hermana de los dichos Mártires Carponio, Evaristo y Prisciano- la cual en la persecución de Diocleciano, después de haber padecido el potro, el fuego, las fieras y otros tormentos, entregó su alma a Dios. Su cuerpo lo llevaron a Nápoles de Campania ( s.III)

Etimológicamente significa “afortunada”. Viene de la lengua latina.

No son actos heroicos sino sencillos y modestos.

Era una mártir de Cesarea de Palestina bajo el imperio de Diocleciano. Aunque murió allá, su cuerpo se lo trajeron a Nápoles.

En la segunda mitad del siglo VIII, el obispo de Nápoles Esteban II puso su culto en el monasterio de san Gaudioso.

Un documento del año 986 recuerda que la iglesia de Fortunata fue destruida y volvió a reconstruirse junto al lago Patria.

Desde luego el culto que se le tributa en la zona es muy fervoroso y muy abundante.

Lo que importa, aparte de los hechos históricos o no, es que existe devoción a esta santa, no solamente en Nápoles sino también en Palermo.

Y una devoción no sigue, después de tantos siglos, por un fanatismo ciego e irracional.

La gente no es tonta. Puede que haya dudas acerca del modo cómo la trajeron desde Palestina hasta el puerto de Nápoles.

Lo cierto y lo seguro es que no se puede inventar una devoción a una santa o santo. Tiene que haber motivos profundamente religiosos para que el pueblo fiel y sencillo comience a venerar sus reliquias y que, mediante las oraciones de petición, se hayan obrado milagros en su nombre.

Es también la patrona de Baucina. Según algunos estudiosos, con ella llegaron también tres mártires: Carponio, Evaristo y Prisciano.

Reliquias de Santa Fortunata en Perú

Santa Fortunata, virgen y mártir, nació entre los años 281 a 287 de nuestra era; las continuas persecuciones que sufrieron los cristianos por el Emperador Diocesano, en la llamada "Era de los Mártires", le tocó a Fortunata, al igual que muchos por su fe en Cristo, ser degollada un 14 de Octubre, entre los años 298 a 304 cuando sólo contaba con 17 años de edad, y cuyos restos se veneran con mucha fe en el altar de la Catedral de Moquegua, al sur del Perú.

Trasladado su cadáver al Cementerio de Calepodio en Roma, sus restos fueron exhumados quince siglos más tarde con autorización papal, y don Jaime Severine Canónigo de la Iglesia San Marco de Roma, custodio de las sagradas reliquias, donó el cuerpo de Santa Fortunata al Padre Fray Tadeo Ocampo, Comisario del Colegio de Propaganda FIDE de Moquegua, que se encontraba de visita en Roma a principios de 1796. Con los restos de la Santa se le dio también a Ocampo, un vaso con su sangre reseca por los siglos y las letras en originales en latín o sea la credencial de la autenticidad de Santa Fortunata. Con los sagrados restos, 23 religiosos y cuatro legos para su colegio de Moquegua, partió Ocampo del puerto español de Cádiz el 18 de octubre de 1796 en la nave mercante “Nuestra Señora de la Soledad”.

Llega a la ciudad de Moquegua después de dos años, luego de una travesia bastantes dificultosa (Río de Janeiro, Sao Pablo, Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Salta, Arica, Ilo y Moquegua), la entrada a la ciudad la realizaron por el “Portillo” en donde se levanto un arco de flores, alfombrándose además la calle principal para el paso de la Santa que, conducía en hombros por la matronas de Moquegua, fue seguida de una lluvia de flores y del místico recogimiento por el clero, congregaciones religiosas y toda la feligresía que se congregó e la entrada de la ciudad. Los restos fueron recibidos por Lorenzo Vizcarra moqueguano que hizo como párroco de la ciudad y también a nombre del Obispo de la Diócesis de Arequipa. Mons. Chávez de la Rosa, fue trasladado luego a la Iglesia de San Francisco, en donde durante ocho días fue objeto de cultos especiales por parte del pueblo.

En una Urna, con pintura de Pan de Oro, se encuentra el sagrado cuerpo artísticamente retocado con una capa de yeso, en la cual muchos estudiosos han acreditado la autenticidad del cuerpo de la Santa.

Santa Fortunata es la virgen y mártir, único caso en el mundo, cuyo cuerpo presente ubicado en una urna se le venera con gran fe y devoción y es sacada en procesión desde 1798 cada 14 de octubre . (La fiesta en Moquegua se inicia en el mes de Octubre, entre los días 12 y 14).

Al existir dos cuerpos, sabemos que deben ser dos mártires distintas que no tan sólo tuvieron martirios similares sino tambien el mismo nombre. Sus historias se han mezclado con el pasar de los años, pero cada una cuenta con muchos devotos.

La controversia y una conclusión razonable

Uno de los primeros errores fue, en mi opinión, querer identificar el corposanto extraído de las catacumbas con esta santa mencionada en el Martirologio. El corposanto de Fortunata fue concedido, junto con un vaso de su sangre, a la ciudad italiana de Baucina (Palermo). La bula papal está disponible, es consultable y está firmada en Roma a 29 de enero de 1790. En 1840 fue recompuesto y recubierto con cera para su veneración. Desde entonces, ha recibido fiestas anuales donde la urna es sacada en procesión, junto con la lápida y la antigua arqueta, en un gran clamor popular. Ellos la identifican con la Santa Fortunata del Martirologio, pero al menos toda la documentación está en regla: hay bula papal, hay lápida, hay reliquias y hay un vaso con sangre. En principio, todo está correcto.

Sin embargo la controversia nace porque existe otra Santa Fortunata que se venera en Moquegua, Perú (en la imagen). Resulta que el padre franciscano Fray Tadeo Ocampo viajó a Roma y obtuvo un documento, firmado el 5 de enero de 1793, en el que se le otorgaba el cuerpo de la mártir, así como un vaso de vidrio con su sangre, para “exponerlos a la veneración de los fieles en cualquier iglesia, oratorio o capilla”.

El cuerpo llegó a Moquegua el 8 de octubre de 1796. Froilán Miranda Nieto hizo una descripción de lo que contiene desde entonces la urna que se conserva en la iglesia de Santo Domingo. Según él, se trata de “una mujer hermosa de cabellos áureos y serena frente, perfecto perfil y breve boca que, dibujando la apacible sonrisa de las almas tranquilas, deja ver dos hileras de dientes diminutos y blancos”. Esta descripción puede llevar a confusión y hacer creer al lector de que se trata uno de los cuerpos llamados “incorruptos”, mas no es así. Lo que Froilán Miranda está describiendo es la máscara de yeso y lujosos vestidos que cubren lo que hoy queda de esta Fortunata: un antiguo esqueleto articulado con alambres, recompuesto en 1840.

¿Qué ocurre aquí? Que hasta la fecha, algunas personas de Moquegua, siguen protestando que su Fortunata es la auténtica, y que los italianos tienen la falsa, ¿acaso no tendría sentido pensar que ambas son auténticas? ¿Por qué pegarse por la posesión de esta o cual Santa, si los santos no son un coche ni un chalet en los Andes? ¿Por qué una tiene que ser la “auténtica y milagrosa” y la otra “impostora”? Semejante despropósito me enerva por la falta de respeto y cariño entre cristianos que veneran a una mártir. Tratándose de una mártir de las catacumbas, no es que pueda haber dos, ¡es que puede haber doscientas Fortunatas! No sólo porque fue un nombre muy común para una mujer en la Antigüedad, sino porque, como muy bien han apuntado algunos estudiosos de los corposantos, a veces el nombre Fortunata en las lápidas no representa el nombre de la persona, sino un adjetivo: tú, "afortunada", que padeciste por Cristo.

Lo que sabemos por los documentos es que ni la una ni la otra corresponden a la Santa Mártir de Palestina. Espero que esto sirva para dejar ya fuera de toda duda que en las ciudades de Moquegua y Baucina se veneran santas distintas, aunque homónimas, y que nadie le ha robado la santa a nadie, ni unos tienen la “buena” ni otros tienen la “mala”. Y otra cosa sería que admitiesen que ni una ni otra tienen que ver con la Santa Fortunata palestina que viene reseñada en el Martirologio.

Extraído de Catholic.net (actualmente no disponible en dicha página).

sábado, 17 de mayo de 2014

Eremitas.

Es cierto que muchas veces me he dejado (y me dejo) seducir por la vida citadina. Tomar un café en el centro comercial, ir a toda velocidad por la carretera en un bus atestado de gente. Dormitar en algún pasillo de la universidad mientras espero la siguiente clase. Escuchar el programa de misterios del fin de semana en la radio. Ir a alguna fiesta (aunque ya casi nunca) o comer una hamburguesa a falta de tiempo para almorzar. Esas y muchas cosas más, pero siempre hay una añoranza, una necesidad de reencontrarme con la soledad. La soledad que alguna vez tuve y que abandoné por el bullicio que (quizá incorrectamente) juzgué como preferible en algún momento de mi adolescencia.

Recuerdo que de adolescente había un altillo en el cuarto abandonado de la casa. Ese era el lugar en el que me escondía cuando no quería escuchar a nadie más ni ser encontrado. Más de una vez mi tío (que era quien más tiempo solía estar en casa) me buscaba y ni se imaginaba que estaba allí, de modo que rato después pensaba que me había ido a la calle y se sorprendía al verme aparecer nuevamente sin haber escuchado el sonido de la puerta de la calle (que es vieja y chirrea al abrirse). Hasta el final de sus días nunca supo que yo me escondía en ese lugar.

En ese altillo guardaba gran cantidad de cosas que fueron importantes en mi adolescencia. Desde las primeras cartitas que me cruzaba con mi primera enamorada hasta exámenes jalados del colegio y algunas revistas para no aburrirme, las que ponía al lado del triciclo de cuando era niño, lamparines de kerosene de la época de los apagones y cassettes olvidados por mis padres, entre otros objetos que fueron condenados al olvido en aquel lugar.

Y también fue el primer lugar en el que hice mis primeras oraciones, aún sin saber que eran tales.

En algún momento un ladrón pisó el techo de la habitación, exactamente sobre el altillo. Al ser el techo de madera y estar debilitado por la lluvia y el tiempo, cedió en una pequeña parte, dejando un boquete por el que se veía el cielo. En los días de sol era una escena realmente sobrecogedora: un rayo de luz entraba directamente al altillo invitándome a pensar en miles de cosas y a que surjan los anhelos y las esperanzas, propias de la pubertad y la adolescencia.

El altillo dejó de existir con el terremoto de 2007, cuando el techo de ese cuarto cedió casi totalmente. Nunca fue ni será reconstruido. Y allí quedaron mis recuerdos de toda una etapa bajo capas de madera apolillada, polvo y adobe. Pero quizá fue mejor.

Quizá fue mejor porque no era sano ensimismarme tan a menudo. Los problemas y la vida real hay que enfrentarlos, eso ya venía entendiendo desde años atrás. Pero si algo no quedó enterrado fue mi interés por, de vez en cuando, retirarme a pensar y orar buscando el silencio. Esto se incrementó ligeramente con mi largo viaje de un año a tierras australes, donde solía pasar horas en medio de los campos de olivos y vides, al lado del canal de regadío, leyendo, pensando, orando o dormitando. Fue un viaje del que regresé renovado. Hasta ahora cuando veo un olivo me pongo algo sensible, porque esos campos que tantos recuerdos me traen, hace algunos meses que fueron vendidos para urbanizarlos y ya no existen.

Y es por eso también que cuando leo sobre personas que se han retirado del todo para dedicarse a la oración en la altura de una montaña, a las orillas de un río, o en lugares similares por lo aislado, me lleno de admiración y por momentos, de una sana envidia. ¿Lo haré algún día? No lo sé. Aunque está demás decir que me gustaría, al menos, por algún tiempo. Quizá algunos meses o años, aunque con lo impredecible que soy, quien sabe la duración de ese tiempo, si se diera.

Justamente el día de hoy, un diario inglés publicó la historia de Maxime, un monje ortodoxo georgiano de 59 años que vive en lo alto de un pilar que ya había sido refugio de eremitas hasta el siglo XV (cuando el imperio otomano invadió Georgia). Maxime provenía de una vida de lo más secular, por decir lo menos. De hecho, él cuenta que cuando bebía con unos amigos en los alrededores del lugar, tenía muy presente que habían existido monjes en lo alto del pilar y que esto le causaba admiración. Tomó los votos monásticos y desde entonces solo baja dos veces por semana, los restantes le alcanzan comida mediante una canasta y unas poleas. Posteriormente se formó una comunidad religiosa en la base del pilar y sacerdotes y personas necesitadas de consejo suben de cuando en cuando.

La fe puede cambiarte, no, no solo puede ¡te cambia! pero claro, si tú decides que así sea o al menos mantienes el corazón abierto y curioso ante lo que venga del Misterio.

Finalizo con la frase de Maxime que más me gustó:

"Necesito el silencio. Es aquí, en el silencio, que se puede sentir la presencia de Dios".








Cabaña de eremita en Karoulia, Monte Athos.
En lo alto del pilar Katskhi.


Las fotos son extraídas del Facebook de OrthodoxPhotos.com, excepto las dos últimas que corresponden al Daily Mail. En este enlace pueden leer la noticia completa sobre Maxime, en inglés: http://www.dailymail.co.uk/news/article-2384040/Maxime-Meet-monk-lives-life-virtual-solitude-131ft-pillar.html